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domingo, 24 de abril de 2011

Línea temporal de los Mitos en la Tierra (10ª Parte)

El articulo de a continuación fue extraído de Enciclopedia de los Mitos de Cthulhu, escrita por Daniel Harms, publicado por La Factoría de Ideas, 2005.









Articulo Anterior: Línea temporal de los Mitos en la Tierra (9ª Parte)

Aprox. 1650 a.C.: La llegada de los Hicsos
Decimoquinta Dinastía egipcia. Durante esta época, los gobernantes de Egipto son derrocados por lo hicsos, un pueblo de nómades que, según se dice, tiene la sangre de los estigios. Después, el primer faraón Izco viaja a G´harne y retoma la adoración a Shudde-M´ell, perdida desde hace milenios.

(Los Hicsos)

Aprox. 1370 a.C.: Reinado de Ajenatón.
El Faraón Ajenatón (o Akenatón) fundo la ciudad de Ajenatón para adorar a su nuevo dios, Atón, el Disco Solar. Algunos ven en ello un acto de gran piedad, destinado a extirpar la sombra de Nefrén-Ka había arrojado sobre Egipto tanto tiempo atrás. En realidad todo es una fachada. Atón es un disfraz de Yog-Sothoth, que esta aprisionado no muy lejos, en el Monte Sinaí, y a través de su adoración, Ajenatón vuelve a incrementar el poder de los Primigenios.
La conversión de Ajenatón a la fe de Atón fue provocada por la momia de Nefrén-Ka., que el faraón resucito ejecutando unos antiguos rituales. En años posteriores, Nefrén-Ka  será el consejero de Ajenatón y sumo sacerdote de Atón.

(Ajenatón bendecido por Atón)

Aprox. 1290 a.C.: Los Zarr liberan a Yog-Sothoth.
Decimonovena Dinastía egipcia. Los Zarr llegan a la Tierra para liberar a Yog-Sothoth de su antigua prisión del Monte Sinaí. Durante su empresa, utilizan sus fuerzas interestelares para atacar las grandes ciudades de Egipto. Yog-Sothoth queda libre de su largo confinamiento en la Tierra y regresa a su hogar extradimensional.

(Yog-Sothoth liberado del su prision en la "Montaña Negra", Monte Sinaí)

Aprox. 80 a.C.: Chaugnar Faugn huye a la Meseta de Tsang.
Los romanos se topan con el hogar de Chaugnar Faugn y sus hermanos en los pirineos, cerca de España. La legión romana es destruida, pero tras estos sucesos Chaugnar Faugn decide buscar un nuevo hogar en la Meseta de Tsang, con la ayuda de los Miri Nigri. Sus hermanos quedaron atrás.

(Chaugnar Faugn)

Aprox. 30 a.C.: Época de Simón de Gitta.
Entre los samaritanos aparece un gladiador y mago que luchará contra la fuerzas de los Primigenios. La leyenda dice que posee una parte del alma divina que fue hendida por Azathoth para crear al universo. Es conocido por haber ayudado accidentalmente a invocar a Cthulhu (27 d.C.), por frustrar los planes de Shub-Niggurath (31 d.C.), por haber trabado amistad con el pueblo serpiente (41 d.C.) y por desafiar a las fuerzas de Cthugha (42 d.C). Durante la mayor parte de su vida, Simón fue también enemigo del Imperio Romano.

(La Muerte de Simón el Mago)



viernes, 22 de abril de 2011

Jesús Cthulhu


Hace un par de semanas, encontré este articulo de navegando (o mejor dicho naufragando) por Internet, seguramente muchos de ustedes ya lo conocerán, pero es que espere hasta hoy, una fecha tan especial como es Viernes Santo, para publicarlo en este blog.
Este artículo fue escrito en 92 por una organización” llamada Grupo de Investigación de Vampiros de Berkeley, en el cual se hace referencia a las similitudes entre la religión cristiana y la adoración a los Mitos y en particular a Cthulhu. Si quieren leer el escrito aquí les dejo el enlace para que lo vean


JESÚS - CTHULHU
Working Paper, The Vampire Research Group at Berkeley
Cosma Rohilla Shalizi (=lizi@ocf.berkeley.edu)



Mientras que el papel de los Mitos de Cthulhu en muchas religiones se ha investigado (por ejemplo, los cultos precolombinos de Mesoamerica fueron objeto de atención del propio Howard Phillips Lovecraft, como se puede ver en el relato “El Montículo”) * y que últimamente a dado tanto que hablar* curioso que no se haya prestado atención a ciertas conexiones bastante obvias con la fe cristiana.
La coincidencia de los nombres, Cristo y Cthulhu, es sugerente pero no deja de ser un accidente lingüístico. Es mucho más convincente el hecho de que Cthulhu es un dios que murió pero aún vive, ahora y por siempre, y debería volver pronto para recobrar su gloria. De hecho, una de sus resurrecciones (abortadas) ocurrió cerca de la Pascua.
El regreso de Cristo y el despertar de Cthulhu son aguardados con impaciencia por hordas de seguidores, que harían cualquier cosa para que ese día llegara más pronto. Ambos acontecimientos serán anunciados por la llegada de guerras, muerte y caos general. Ambos están conectados con profecías astronómicas: Cthulhu volverá “cuando las estrellas correctas” mientras que, según el libro de las Revelaciones, el Apocalipsis transformará la astronomía en una profesión interesante y confusa.
Ambos estarán precedidos por entidades extrañas, Cristo por La Bestia, y Cthulhu por Nyarlathotep. Cristo fue precedido la primera vez por San Juan Bautista, quien era probablemente otra encarnación del Caos Reptante. Ambos regresos implicarán el fin de la muerte, en la versión cristiana de la resurrección en el Juicio Final. El paralelo cthulhiano es menos preciso al respecto, pero es bien conocido que:


no está muerto lo que puede yacer eternamente
y con extraños eones puede morir hasta la Muerte

Finalmente, y no es algo trivial, ambos regresos darán paso a un nuevo orden mundial.
No debe olvidarse que Jesús nació en una zona donde el culto a la Magna Mater ha sido endémico a lo largo de milenios, pese a la condenación frecuente por parte de los profetas que hablan de que la "Reina del Cielo" es una abominación. La conexión con los Mitos es bien conocida (véase "Las Ratas en las Paredes" de H.P. Lovecraft); incluso las opiniones de los más doctos en el tema sostienen que podría tratarse de Shub-Niggurath. Algunos, como Robert Graves en "Los Mitos Griegos", han afirmado que el nombre “María” proviene de un título que se le daba a esta diosa. Esto no implica necesariamente que la Virgen sea un horror extradimensional. Ella pudo haber sido, simplemente, una de sus adoratrices. El mismo académico antes mencionado, en "La Diosa Blanca", remarca crípticamente que Jesús fue uno de sus descendientes, de ambas maneras.

(Magna Mater - Shub-Niggurath)

Las condiciones inusuales del origen de Jesús son bien sabidas, y es necesario detenerse en ellas, pues es penosamente obvio el paralelo con el nacimiento de Wilbur Whately (véase “El Horror de Dunwich” de H.P. Lovecraft). Ciertamente Su Padre debe haber sido un ser extremadamente desagradable, tanto que el propio rey Herodes estuvo dispuesto a matar a un gran número de niños con tal de evitar su nacimiento.
También como Whately, Jesús fue extraordinariamente precoz, lo cual no parece haber sido más tranquilizador que en el caso de Dunwich. De hecho, los contemporáneos de Jesús sospechaban que
su capacidad de controlar los demonios era malsana. El propio Jesús refuta estas acusaciones con un sofisma tan obvio que no merece la pena comentarlo.
Además de sus exorcismos y curaciones, la mayor parte de los milagros de Jesús tiene relación con el agua (agua que se transforma en vino, multiplicación de los peces, caminar en el agua, etc…). Incluso envió los demonios a los cerdos (Marcos 5:1-18), y a éstos los envió a la mar, posiblemente como una ofrenda. Es bien sabido que una gran cantidad de entidades cthulianas son acuáticas o anfibias, y pudieron haber servido de ayuda.
Jesús prometió hacer a sus discípulos “pescadores de hombres” (Mt. 4, 18-23). Esto es obviamente producto de la traducción críptica de un escribano, porque donde se lee “pescado-hombres” se puede ver claramente una alusión directa a los Profundos. La cthulogía actual indica que esta promesa sólo puede ser satisfecha solamente si Jesús se refirió a sus descendientes, o si los discípulos eran ya Profundos en sí mismos. También indica una deplorable falta de honestidad entre los miembros de los Mitos.

(Los Profundos)

Las repetidas referencias al “Cielo,” especialmente al “Reino de los Cielos,” en los Evangelios, adquieren gran importancia cuando se reflexiona en el origen extraterrestre de la mayoría de los seres de los Mitos. De hecho, parecería que el Universo está poblado casi exclusivamente por horrores arcanos que, afortunadamente para los limitados poderes descriptivos del autor, son indescriptibles. La oración básica descrita en los Evangelios - “Padre Nuestro que estás en Los Cielos… venga a nosotros Tu Reino, tanto en la Tierra como en el Cielo” es realmente escalofriante vista desde esta perspectiva.
En cuanto a la absoluta carencia de elementos cthulianos en el cristianismo de hoy en día, debe recordarse que San Pablo, quien no hacía parte del grupo original de discípulos, ha sido quien ha tenido el papel preponderante en la difusión de la fe cristiana. Es probable que, como una especie de forastero que era, no le fueran confiadas las revelaciones completas (con todo y sus perturbadores detalles), y por lo tanto interpretara de forma errónea aquello que se le narraba, esparciendo luego este conocimiento de un lado al otro del Imperio Romano. Es también probable que algunas sectas Gnósticas, que luego serían consideradas heréticas, tuvieran ideas más precisas de la naturaleza de la religión que profesaban, y fueran suprimidas en nombre de la pura decencia.

("¿El Reino de los Cielos?")

Las implicaciones de todo esto son inquietantes, por no decir escalofriantes. Las mentes más extravagantes podrían verse tentadas a imaginar a los católicos remplazando las estatuas de la Virgen con horrores tentaculares de pezuñas bifurcadas, o a los Baptistas en vestidos de poliéster y máscaras de plástico realizando viajes a lo largo de los mares del sur, agitando raras ediciones del Kitab al-Azif, y exclamando Iä Iä Cthulhu fhtagn!
Pero, hablando seriamente, mucho de esto merece ser aclarado, para que puedan abrirse nuevos campos en el estudio de la cthulogía.

viernes, 15 de abril de 2011

The Terrible Old Man

The Terrible Old Man, es una animación en flash creada por Doug Simon y Sean Kearney, basado en el relato del mismo nombre por H.P. Lovecraft.

lunes, 11 de abril de 2011

Los Avatar de Nyarlathotep (3ª Parte)

El articulo de a continuación fue extraído de Enciclopedia de los Mitos de Cthulhu, escrita por Daniel Harms, publicado por La Factoría de Ideas, 2005.

Articulo Anterior: Los Avatar de Nyarlathotep (2ª Parte)



El Faraón Negro (Egipto)
Un hombre de orgullosos rasgos egipcios, envuelto en túnicas prismáticas, que porta la diadema de un faraón. Es adorado por la Hermandad del Faraón Negro. Es posible que esta forma sea idéntica a  la del Hombre Negro, y se parece mucho a la descripción de hizo el ocultista Aleister Crowley de Aiwaz, el espíritu que le dicto El libro de la Ley.


El Ser sin Piel (Oriente Medio)
Nyarlathotep es adorado por una secta especialmente despreciable radicada en Turquía y las regiones cercanas, para la que toma el aspecto de un cadáver despellejado. También hay referencias a esta deidad que fue adorada por los aztecas bajo el nombre de Xipe Totec "Nuestro despellejado señor".



Lrogg (Urano)
En el mundo de L´gy´hx (Urano), los nativos metálicos del planeta y ciertos insectos de Shaggai rebeldes adoran a Nyarlathotep bajo le forma de murciélago de dos cabezas. Sus rituales no son especialmente sangrientos, y solo se exige de los adoradores que sacrifican anualmente a uno de los suyos (en otras partes se especifican que el sacrificio se limita a la amputación de las piernas, no a la muerte)


Demonio Oscuro
Una forma de Nyarlathotep que en ocasiones posee a la persona contactada. Se parece mucho al Demonio Negro (una criatura con hocico, garras y pelaje negro), pero es de mayor tamaño y más astuto. A veces seduce a los que han iniciado estudiar de magia negra, prometiéndoles la gloria si le permiten entrar en sus cuerpos. Evidentemente, ninguna recompensa espera a los poseídos por Nyarlathotep.


La Cosa de la Mascara Amarilla (Tierra del Sueño)
Un ser envuelto en seda amarilla, que visitó la ciudad abandonada de Ygiroth en el Monte Lerion y que, según algunos, mora en el monasterio sin nombre de la Meseta de Leng. Aunque muchos consideran que el Rey de Amarillo es un avatar de Hastur, esto podría suponer una explicación alternativa.

Próximo Articulo: Los Avatar de Nyarlathotep (4ª Parte)


domingo, 3 de abril de 2011

El Caos Reptante por H.P. Lovecraft y Elizabeth Berkeley

El caos reptante (The crawling chaos en inglés) es un relato fantástico del escritor norteamericano H. P. Lovecraft, co-escrito con Winifred V. Jackson (también conocida como Elizabeth Berkeley) en 1920. Fue publicado por primera vez en abril de 1921 en The United Amateur.
Más allá de los éxtasis y horrores de De Quincey y los paradis artificiels de Baudelaire, Lovecraft detalla en este relato de surrealistas imágenes la naturaleza de los fantasmas que se revelan a la mente por la influencia alucinógena del opio, así como la dirección de los inauditos caminos por cuyo exótico curso se ve irresistiblemente lanzado el adicto.



El caos reptante

H.P. Lovecraft y Elizabeth Berkeley


Mucho es lo que se ha escrito acerca de los placeres y los sufrimientos del opio. Los éxtasis y horrores de De Quincey y los paradis artificiels de Baudelaire son conservados e interpretados con tal arte que los hace inmortales, y el mundo conoce a fondo la belleza, el terror y el misterio de esos oscuros reinos donde el soñador es transportado. Pero aunque mucho es lo que se ha hablado, ningún hombre ha osado todavía detallar la naturaleza de los fantasmas que entonces se revelan en la mente, o de sugerir la dirección de los inauditos caminos por cuyo adornado y exótico curso se ve irresistiblemente lanzado el adicto. De Quincey fue arrastrado a Asia, esa fecunda tierra de sombras nebulosas cuya temible antigüedad es tan impresionante que "la inmensa edad de la raza y el nombre se impone sobre el sentido de juventud en el individuo", pero él mismo no osó ir más lejos. Aquellos que han ido más allá rara vez volvieron y, cuando lo hicieron, fue siempre guardando silencio o sumidos en la locura. Yo consumí opio en una ocasión... en el año de la plaga, cuando los doctores trataban de aliviar los sufrimientos que no podían curar. Fue una sobredosis -mi médico estaba agotado por el horror y los esfuerzos- y, verdaderamente, viajé muy lejos. Finalmente regresé y viví, pero mis noches se colmaron de extraños recuerdos y nunca más he permitido a un doctor volver a darme opio.
Cuando me administraron la droga, el sufrimiento y el martilleo en mi cabeza habían sido insufribles. No me importaba el futuro; huir, bien mediante curación, inconsciencia o muerte, era cuanto me importaba. Estaba medio delirando, por eso es difícil ubicar el momento exacto de la transición, pero pienso que el efecto debió comenzar poco antes de que las palpitaciones dejaran de ser dolorosas. Como he dicho, fue una sobredosis; por lo cual, mis reacciones probablemente distaron mucho de ser normales. La sensación de caída, curiosamente disociada de la idea de gravedad o dirección, fue suprema, aunque había una impresión secundaria de muchedumbres invisibles de número incalculable, multitudes de naturaleza infinitamente diversa, aunque todas más o menos relacionadas conmigo. A veces menguaba la sensación de caída mientras sentía que el universo o las eras se desplomaban ante mí. Mis sufrimientos cesaron repentinamente y comencé a asociar el latido con una fuerza externa más que con una interna. También se había detenido la caída, dando paso a una sensación de descanso efímero e inquieto, y, cuando escuché con mayor atención, fantaseé con que los latidos procedieran de un mar inmenso e inescrutable, como si sus siniestras y colosales rompientes laceraran alguna playa desolada tras una tempestad de titánica magnitud. Entonces abrí los ojos.
Por un instante, los contornos parecieron confusos, como una imagen totalmente desenfocada, pero gradualmente asimilé mi solitaria presencia en una habitación extraña y hermosa iluminada por multitud de ventanas. No pude hacerme la idea de la exacta naturaleza de la estancia, porque mis sentidos distaban aún de estar ajustados, pero advertí alfombras y colgaduras multicolores, mesas, sillas, tumbonas y divanes de elaborada factura, y delicados jarrones y ornatos que sugerían lo exótico sin llegar a ser totalmente ajenos. Todo eso percibí, aunque no ocupó mucho tiempo en mi mente. Lenta, pero inexorablemente, arrastrándose sobre mi conciencia e imponiéndose a cualquier otra impresión, llegó un temor vertiginoso a lo desconocido, un miedo tanto mayor cuanto que no podía analizarlo y que parecía concernir a una furtiva amenaza que se aproximaba... no la muerte, sino algo sin nombre, un ente inusitado indeciblemente más espantoso y aborrecible.
Inmediatamente me percaté de que el símbolo directo y excitante de mi temor era el odioso martilleo cuyas incesantes reverberaciones batían enloquecedoramente contra mi exhausto cerebro. Parecía proceder de un punto fuera y abajo del edificio en el que me hallaba, y estar asociado con las más terroríficas imágenes mentales. Sentí que algún horrible paisaje u objeto acechaban más allá de los muros tapizados de seda, y me sobrecogí ante la idea de mirar por las arqueadas ventanas enrejadas que se abrían tan insólitamente por todas partes. Descubriendo postigos adosados a esas ventanas, los cerré todos, evitando dirigir mis ojos al exterior mientras lo hacía. Entonces, empleando pedernal y acero que encontré en una de las mesillas, encendí algunas velas dispuestas a lo largo de los muros en barrocos candelabros. La añadida sensación de seguridad que prestaban los postigos cerrados y la luz artificial calmaron algo mis nervios, pero no fue posible acallar el monótono retumbar. Ahora que estaba más calmado, el sonido se convirtió en algo tan fascinante como espantoso. Abriendo una portezuela en el lado de la habitación cercano al martilleo, descubrí un pequeño y ricamente engalanado corredor que finalizaba en una tallada puerta y un amplio mirador. Me vi irresistiblemente atraído hacia éste, aunque mis confusas aprehensiones me forzaban igualmente hacia atrás. Mientras me aproximaba, pude ver un caótico torbellino de aguas en la distancia. Enseguida, al alcanzarlo y observar el exterior en todas sus direcciones, la portentosa escena de los alrededores me golpeó con plena y devastadora fuerza.
Contemplé una visión como nunca antes había observado, y que ninguna persona viviente puede haber visto salvo en los delirios de la fiebre o en los infiernos del opio. La construcción se alzaba sobre un angosto punto de tierra -o lo que ahora era un angosto punto de tierra- remontando unos 90 metros sobre lo que últimamente debió ser un hirviente torbellino de aguas enloquecidas. A cada lado de la casa se abrían precipicios de tierra roja recién excavados por las aguas, mientras que enfrente las temibles olas continuaban batiendo de forma espantosa, devorando la tierra con terrible monotonía y deliberación. Como a un kilómetro se alzaban y caían amenazadoras rompientes de no menos de cinco metros de altura y, en el lejano horizonte, crueles nubes negras de grotescos contornos colgaban y acechaban como buitres malignos. Las olas eran oscuras y purpúreas, casi negras, y arañaban el flexible fango rojo de la orilla como toscas manos voraces. No pude por menos que sentir que alguna nociva entidad marina había declarado una guerra a muerte contra toda la tierra firme, quizá instigada por el cielo enfurecido.
Recobrándome al fin del estupor en que ese espectáculo antinatural me había sumido, descubrí que mi actual peligro físico era agudo. Aun durante el tiempo en que observaba, la orilla había perdido muchos metros y no estaba lejos el momento en que la casa se derrumbaría socavada en el atroz pozo de las olas embravecidas. Por tanto, me apresuré hacia el lado opuesto del edificio y, encontrando una puerta, la cerré tras de mí con una curiosa llave que colgaba en el interior. Entonces contemplé más de la extraña región a mi alrededor y percibí una singular división que parecía existir entre el océano hostil y el firmamento. A cada lado del descollante promontorio imperaban distintas condiciones. A mi izquierda, mirando tierra adentro, había un mar calmo con grandes olas verdes corriendo apaciblemente bajo un sol resplandeciente. Algo en la naturaleza y posición del sol me hicieron estremecer, aunque no pude entonces, como no puedo ahora, decir qué era. A mi derecha también estaba el mar, pero era azul, calmoso, y sólo ligeramente ondulado, mientras que el cielo sobre él estaba oscurecido y la ribera era más blanca que enrojecida.
Ahora volví mi atención a tierra, y tuve ocasión de sorprenderme nuevamente, puesto que la vegetación no se parecía en nada a cuanto hubiera visto o leído. Aparentemente, era tropical o al menos subtropical... una conclusión extraída del intenso calor del aire. Algunas veces pude encontrar una extraña analogía con la flora de mi tierra natal, fantaseando sobre el supuesto de que las plantas y matorrales familiares pudieran asumir dichas formas bajo un radical cambio de clima; pero las gigantescas y omnipresentes palmeras eran totalmente extranjeras. La casa que acababa de abandonar era muy pequeña -apenas mayor que una cabaña- pero su material era evidentemente mármol, y su arquitectura extraña y sincrética, en una exótica amalgama de formas orientales y occidentales. En las esquinas había columnas corintias, pero los tejados rojos eran como los de una pagoda china. De la puerta que daba a tierra nacía un camino de singular arena blanca, de metro y medio de anchura y bordeado por imponentes palmeras, así como por plantas y arbustos en flor desconocidos. Corría hacia el lado del promontorio donde el mar era azul y la ribera casi blanca. Me sentí impelido a huir por este camino, como perseguido por algún espíritu maligno del océano retumbante. Al principio remontaba ligeramente la ribera, luego alcancé una suave cresta. Tras de mí, vi el paisaje que había abandonado: toda la punta con la cabaña y el agua negra, con el mar verde a un lado y el mar azul al otro, y una maldición sin nombre e indescriptible cerniéndose sobre todo. No volví a verlo más y a menudo me pregunto... Tras esta última mirada, me encaminé hacia delante y escruté el panorama de tierra adentro que se extendía ante mí.
El camino, como he dicho, corría por la ribera derecha si uno iba hacia el interior. Delante y a la izquierda vislumbré entonces un magnífico valle, que abarcaba miles de acres, sepultado bajo un oscilante manto de hierba tropical más alta que mi cabeza. Casi al límite de la visión había una colosal palmera que parecía fascinarme y reclamarme. En este momento, el asombro y la huida de la península condenada habían, con mucho, disipado mi temor, pero cuando me detuve y desplomé fatigado sobre el sendero, hundiendo ociosamente mis manos en la cálida arena blancuzco-dorada, un nuevo y agudo sonido de peligro me embargó. Algún terror en la alta hierba sibilante pareció sumarse a la del diabólico mar retumbante y me alcé gritando fuerte y desabridamente.
-¿Tigre? ¿Tigre? ¿Es un tigre? ¿Bestias? ¿Bestias? ¿Es una bestia lo que me atemoriza?
Mi mente retrocedía hasta una antigua y clásica historia de tigres que había leído; traté de recordar al autor, pero tuve alguna dificultad. Entonces, en mitad de mi espanto, recordé que el relato pertenecía a Ruyard Kipling; no se me ocurrió lo ridículo que resultaba considerarle como un antiguo autor. Anhelé el volumen que contenía esta historia, y casi había comenzado a desandar el camino hacia la cabaña condenada cuando el sentido común y el señuelo de la palmera me contuvieron.
Si hubiera o no podido resistir el deseo de retroceder sin el concurso de la fascinación por la inmensa palmera, es algo que no sé. Su atracción era ahora predominante, y dejé el camino para arrastrarme sobre manos y rodillas por la pendiente del valle, a pesar de mi miedo hacia la hierba y las serpientes que pudiera albergar. Decidí luchar por mi vida y cordura tanto como fuera posible y contra todas las amenazas del mar o tierra, aunque a veces temía la derrota mientras el enloquecido silbido de la misteriosa hierba se unía al todavía audible e irritante batir de las distantes rompientes. Con frecuencia, debía detenerme y tapar mis oídos con las manos para aliviarme, pero nunca pude acallar del todo el detestable sonido. Fue tan sólo tras eras, o así me lo pareció, cuando finalmente pude arrastrarme hasta la increíble palmera y reposar bajo su sombra protectora.
Entonces ocurrieron una serie de incidentes que me transportaron a los opuestos extremos del éxtasis y el horror; sucesos que temo recordar y sobre los que no me atrevo a buscar interpretación. Apenas me había arrastrado bajo el colgante follaje de la palmera, cuando brotó de entre sus ramas un muchacho de una belleza como nunca antes viera. Aunque sucio y harapiento, poseía las facciones de un fauno o semidiós, e incluso parecía irradiar en la espesa sombra del árbol. Sonrió tendiendo sus manos, pero antes de que yo pudiera alzarme y hablar, escuché en el aire superior la exquisita melodía de un canto; notas altas y bajas tramadas con etérea y sublime armonía. El sol se había hundido ya bajo el horizonte, y en el crepúsculo vi una aureola de mansa luz rodeando la cabeza del niño. Entonces se dirigió a mí con timbre argentino.
-Es el fin. Han bajado de las estrellas a través del ocaso. Todo está colmado y más allá de las corrientes arinurianas moraremos felices en Teloe.
Mientras el niño hablaba, descubrí una suave luminosidad a través de las frondas de las palmeras y vi alzarse saludando a dos seres que supe debían ser parte de los maestros cantores que había escuchado. Debían ser un dios y una diosa, porque su belleza no era la de los mortales, y ellos tomaron mis manos diciendo:
-Ven, niño, has escuchado las voces y todo está bien. En Teloe, más allá de las Vía Láctea y las corrientes arinurianas, existen ciudades de ámbar y calcedonia. Y sobre sus cúpulas de múltiples facetas relumbran los reflejos de extrañas y hermosas estrellas. Bajo los puentes de marfil de Teloe fluyen los ríos de oro líquido llevando embarcaciones de placer rumbo a la floreciente Cytarion de los Siete Soles. Y en Teloe y Cytarion no existe sino juventud, belleza y placer, ni se escuchan más sonidos que los de las risas, las canciones y el laúd. Sólo los dioses moran en Teloe la de los ríos dorados, pero entre ellos tú habitarás.
Mientras escuchaba embelesado, me percaté súbitamente de un cambio en los alrededores. La palmera, que últimamente había resguardado a mi cuerpo exhausto, estaba ahora a mi izquierda y considerablemente debajo. Obviamente flotaba en la atmósfera; acompañado no sólo por el extraño chico y la radiante pareja, sino por una creciente muchedumbre de jóvenes y doncellas semiluminosos y coronados de vides, con cabelleras sueltas y semblante feliz. Juntos ascendimos lentamente, como en alas de una fragante brisa que soplara no desde la tierra sino en dirección a la nebulosa dorada, y el chico me susurró en el oído que debía mirar siempre a los senderos de luz y nunca abajo, a la esfera que acababa de abandonar. Los mozos y muchachas entonaban ahora dulces acompañamientos con los laúdes y me sentía envuelto en una paz y felicidad más profunda de lo que hubiera imaginado en toda mi vida, cuando la intrusión de un simple sonido alteró mi destino destrozando mi alma. A través de los arrebatados esfuerzos de cantores y tañedores de laúd, como una armonía burlesca y demoníaca, atronó desde los golfos inferiores el maldito, el detestable batir del odioso océano. Y cuando aquellas negras rompientes rugieron su mensaje en mis oídos, olvidé las palabras del niño y miré abajo, hacia el condenado paisaje del que creía haber escapado.
En las profundidades del éter vi la estigmatizada tierra girando, siempre girando, con irritados mares tempestuosos consumiendo las salvajes y arrasadas costas y arrojando espuma contra las tambaleantes torres de las ciudades desoladas. Bajo una espantosa luna centelleaban visiones que nunca podré describir, visiones que nunca olvidaré: desiertos de barro cadavérico y junglas de ruina y decadencia donde una vez se extendieron las llanuras y poblaciones de mi tierra natal, y remolinos de océano espumeante donde otrora se alzaran los poderosos templos de mis antepasados. Los alrededores del polo Norte hervían con ciénagas de estrepitoso crecimiento y vapores malsanos que silbaban ante la embestida de las inmensas olas que se encrespaban, lacerando, desde las temibles profundidades. Entonces, un desgarrado aviso cortó la noche, y a través del desierto de desiertos apareció una humeante falla. El océano negro aún espumeaba y devoraba, consumiendo el desierto por los cuatro costados mientras la brecha del centro se ampliaba y ampliaba.
No había otra tierra salvo el desierto, y el océano furioso todavía comía y comía. Sólo entonces pensé que incluso el retumbante mar parecía temeroso de algo, atemorizado de los negros dioses de la tierra profunda que son más grandes que el malvado dios de las aguas, pero, incluso si era así, no podía volverse atrás, y el desierto había sufrido demasiado bajo aquellas olas de pesadilla para apiadarse ahora. Así, el océano devoró la última tierra y se precipitó en la brecha humeante, cediendo de este modo todo cuanto había conquistado. Fluyó nuevamente desde las tierras recién sumergidas, desvelando muerte y decadencia y, desde su viejo e inmemorial lecho, goteó de forma repugnante, revelando secretos ocultos en los años en que el Tiempo era joven y los dioses aún no habían nacido. Sobre las olas se alzaron recordados capiteles sepultados bajo las algas. La luna arrojaba pálidos lirios de luz sobre la muerta Londres, y París se levantaba sobre su húmeda tumba para ser santificada con polvo de estrellas. Después, brotaron capiteles y monolitos que estaban cubiertos de algas pero que no eran recordados; terribles capiteles y monolitos de tierras acerca de las cuales el hombre jamás supo.
No había ya retumbar alguno, sino sólo el ultraterreno bramido y siseo de las aguas precipitándose en la falla. El humo de esta brecha se había convertido en vapor, ocultando casi el mundo mientras se hacía más y más denso. Chamuscó mi rostro y manos, y cuando miré para ver cómo afectaba a mis compañeros descubrí que todos habían desaparecido. Entonces todo terminó bruscamente y no supe más hasta que desperté sobre una cama de convalecencia. Cuando la nube de humo procedente del golfo plutónico veló por fin toda mi vista, el firmamento entero chilló mientras una repentina agonía de reverberaciones enloquecidas sacudía el estremecido éter. Sucedió en un relámpago y explosión delirantes; un cegador, ensordecedor holocausto de fuego, humo y trueno que disolvió la pálida luna mientras la arrojaba al vacío.
Y cuando el humo clareó y traté de ver la tierra, tan sólo pude contemplar, contra el telón de frías y burlonas estrellas, al sol moribundo y a los pálidos y afligidos planetas buscando a su hermana.


jueves, 31 de marzo de 2011

Dark Moor "The Silver Key"

En este recorrido que estamos haciendo sobre los mundos creados por H.P. Lovecraft a través de la música, el grupo que les presento esta vez es Dark Moor con su tema "The Silver Key"

(La imagen del disco es muy sugerente, ¿no?)

Dark Moor es un grupo fundado en Madrid (España), en 1993. Su estilo se lo puede definir entre el Neo Classical Metal y el Power Metal. La canción en cuestión es llama The Silver Key del álbum Beyond the Sea. Este álbum vería la luz en el 2005 siendo un disco al más puro estilo Dark Moor, pero un tanto más melódico. Éste disco fue uno de los más exitosos que han lanzado.
The Silver Key hace referencia a uno de los temas más recurrentes de la mitología lovercrafiana que es las Tierras del Sueños y a la Llave de Plata un artefacto mágico que puede transportar a su poseedor a cualquier época que el desee.
Como siempre si quieren conocer más sobre este grupo aquí les dejo su Web oficial: http://www.dark-moor.com/



When I was a child wandered
Through meadows, my time squandered,
Lost in the sweet nostalgia,
Was looking for
A way in my dreams.

When I have the Silver Key
It will be too late to flee.
The Guardian tells me with deep voice,
Iridescent balls of noise,
Beyond the Planes of the Space,
Yog Sothoth will show Its face,
Madness will be his grace

Over Mountains
My mind shouts freely
Like a melody
Through the Gates of the Silver Key.
Dear Dreamlands,
Put in me your brand!
Take me into your secrets,
Show me the dark way of Kadath!

I travelled for unknown places,
I knew strange races,
Lost in the mist of Dreamlands,
Was looking for
The City Of the Gods

When the cold fills my poor soul
I know I’ve come to my goal.
I see monstrous walls to raise
Covered by a cloth of ice
Far beyond of the sacred door,
I will find the true Gods’ lore
And all will be like yore.

Over Mountains
My mind shouts freely
Like a melody
Through the Gates of the Silver Key.
Dear Dreamlands,
Put in me your brand!
Take me into your secrets,
Show me the dark way of Kadath!

The Old Ones were, are and will be.
Their Messenger I am, come with me!

The darkness reigns in the Hall.
He taught me in the cold nightfall
That is not dead which can eternal lie,
And with strange aeons even death may die.

Over Mountains
My mind shouts freely
Like a melody
Through the Gates of the Silver Key.
Dear Dreamlands,
Put in me your brand!
Take me into your secrets,
Show me the dark way of Kadath!

sábado, 26 de marzo de 2011

Línea Temporal de los Mitos en la Tierra (9ª Parte)

El articulo de a continuación fue extraído de Enciclopedia de los Mitos de Cthulhu, escrita por Daniel Harms, publicado por La Factoría de Ideas, 2005.









Articulo Anterior: Línea Temporal de los Mitos en la Tierra (8ª Parte)

Aprox. 7.200 a. C.: Caída de la Primera Dinastía de Khem.
En el país de Khem, uno de los últimos bastiones de la antigua civilización, descienden de los cielos unas criaturas extraterrestres a bordo de una gran pirámide. Como parte del experimento, se reproducen con los Khemitas, dando lugar a una malograda raza de híbridos semihumanos. Utilizando su tecnología, estos extraterrestres destruyen la antigua dinastía vanir y sitúan a sus descendientes en el trono. Son estos semihombres, que pueden trazar su linaje hasta las estrellas, quienes erigen las primeras pirámides. Gobernarán durante seis generaciones.


Aprox. 7000 a.C.: Caída de la Segunda Dinastía de Khem.
El sexto faraón de la Segunda Dinastía de Khem, Khasathat, resulta ser incluso más decadente que sus predecesores, practica sacrificios humanos y otras abominaciones, y finalmente es vencido por un guerrero llamado Khai, descendiente de los vanires. Khai instaura la Tercera Dinastía de Khem, pero el país ya está condenado. La terrible magia liberada durante las últimas batallas entre Khasathat y él ha destruido la fertilidad de la tierra, que poco a poco se convierte en un desierto sin vida.


Aprox. 2613 a.C.: Reinado de Nefrén-Ka.
Tercera Dinastía egipcia. Cuando la antigua Estigia cayó, se perdieron con ella las religiones de los antiguos dioses malvados. Estas fes revivieron brevemente durante la Segunda Dinastía de Khem, pero cayeron de nuevo en el olvido cuando aquellos gobernantes fueron derrocados. Por un tiempo pareció que Khem (y su sucesor, Egipto) se había librado de la corrupción Estigia. Entonces llegó el reinado de Nefrén-Ka.
Nefrén-Ka era tan execrable que su nombre ha sido erradicado de la historia egipcia. Revivió la adoración de los dioses estigios, entre ellos Anubis, Bast, Sebek y Set. Se convirtió en el sumo sacerdote de Nyarlat, al que llamó Nyarlathotep. Descubrió el Trapezoedro Resplandeciente y erigió un gran templo alrededor de él.
Al final, los abusos de Nefrén-Ka fueron excesivos. El faraón Snefru derroco a la Tercera Dinastía e instauró la Cuarta. Pero las oscuras religiones redescubiertas durante el reinado de Nefrén-Ka ya nunca desaparecerían.


Aprox. 2200 a.C.: Reinado de Nitocris.
Sexta Dinastía egipcia. Nitocris, la reina Necrófaga, es una maligna faraona, famosa por haber reavivando la adoración a Nyarlathotep en Egipto. Saqueó las criptas de Kish, descubrió el Trapezoedro Resplandeciente, y durante su reinado se entregí a numerosos actos innombrables. Cuando murió, Egipto estaba tan debilitado que el poder de los faraones se derrumbó, lo que desemboco en el Primer Periodo Intermedio de la historia egipcia.


Aprox. 1733 a.C.: La época de Nophru-Ka
Decimocuarta Dinastía egipcia. Surge un movimiento separatista en el delta occidental de Egipto, centrado en Xois. Nophru-Ka fue uno de los primeros líderes de este movimiento y también sacerdote de Nyarlathotep. Nophru-Ka trató de derrocar al faraón Khasekhemre Neferhotep I (de la Decimotercera Dinastía) pero acabo siendo asesinado por el gobernado. Los seguidores de Nophru-Ka fueron aniquilados posteriormente por Shudda-M´ell y sus crías, pero el linaje de Nophru-Ka prosigue ininterrumpido y, finalmente, da lugar a la Hermandad de la Bestia.


Proximo Articulo: Línea Temporal de los Mitos en la Tierra (10ª Parte)

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