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domingo, 12 de julio de 2026

PROYECTO 17-A

Durante años he dedicado parte de mi tiempo a investigar los Mitos. Entre manuscritos olvidados, sociedades esotéricas, expedientes sobre ocultismo, antiguos grimorios y todo aquello que habita en esa difusa frontera entre la ficción, el folclore y la historia han pasado por mis manos. Con el tiempo aprendí que, aunque la mayoría de documentos terminan explicándose por sí mismos, algunos parecen resistirse a cualquier explicación racional.

Hace unas semanas ocurrió algo que todavía no consigo comprender... ¿o si?

Al regresar a casa encontré un sobre de papel kraft apoyado junto a la puerta. No llevaba sellos. No tenía remitente. Nadie de mis vecinos recordaba haber visto a la persona que lo dejó allí.

En su interior solo había una carpeta de cartón muy desgastada, cerrada con una cinta de tela ya amarillenta por el paso del tiempo.

Sobre la cubierta podía leerse una única inscripción mecanografiada:

PROYECTO 17-A

Debajo, alguien había estampado con tinta roja una palabra que parecía repetirse una y otra vez a lo largo de los documentos:

ULTRASECRETO

No había ninguna carta de presentación, solo una pequeña nota escrita a mano con una caligrafía temblorosa, casi desesperada.

"Esto necesita salir a la luz."

"Hay cosas que no son lo que creemos."

Nada más.

Al abrir la carpeta descubrí decenas de informes, transcripciones de audio, fotografías parcialmente censuradas, páginas arrancadas y documentos plagados de tachaduras negras. Muchosde ellos estaban numerados como si pertenecieran a un expediente mucho mayor, uno del que solo hubieran sobrevivido algunos fragmentos... creo, ¿no estoy seguro?

Al principio pensé que se trataba de una elaborada obra de ficción o una clase de absurda broma.

Pero después empecé a reconocer nombres reales, incidentes conocidos, referencias históricas verificables, investigadores del fenómeno OVNI, ocultistas, sectas e incluso anotaciones que relacionaban los escritos de H. P. Lovecraft con determinados informes clasificados.

A partir de ese momento decidí hacer una única cosa... publicar estos documentos exactamente en el orden en que aparecían dentro del expediente. No puedo garantizar su autenticidad, tampoco afirmo que todo lo que aparece aquí cuanto sen sua cierto, pero sí puedo asegurar una cosa y es que conforme me adentraba en estos documentos, una idea comenzó a repetirse una y otra vez entre sus páginas:

Quizá los llamados "Grises" nunca fueron una especie.

Quizá los ovnis nunca fueron máquinas.

Y quizá los monstruos descritos por Lovecraft no eran simples criaturas literarias, sino intentos desesperados de poner nombre a algo que la mente humana es incapaz de comprender.

Desde hoy comenzaré a desclasificar el contenido del Proyecto 17-A.

Son ustedes los que deciden si todo esto pertenece al terreno de una mente desequilibrada... o si alguien ha intentado ocultar durante demasiado tiempo una verdad imposible de aceptar.

domingo, 21 de junio de 2026

Nyarlathotep: El Nexo entre los Dioses y los hombres.

Durante años recorrí archivos olvidados, bibliotecas semiderruidas y colecciones privadas cuyos propietarios apenas se animaban a pronunciar el nombre de los volúmenes que guardaban. En sótanos húmedos, iluminados por velas agonizantes, y en salas donde el polvo parecía haberle ganado definitivamente la batalla al tiempo, fui reuniendo fragmentos dispersos de una verdad que ninguna persona en su sano juicio debería perseguir.


























Al principio pensé que estaba frente a simples supersticiones. Relatos deformados por generaciones de ocultistas, fanáticos y lunáticos. Pero cuanto más investigaba, cuanto más me hundía en aquellos manuscritos corroídos por la humedad y los siglos, más evidente se volvía una realidad inquietante. Todos los caminos conducían a un mismo nombre... Nyarlathotep. Lo encontré mencionado en pergaminos redactados en lenguas desaparecidas. Lo vi grabado en piedras cuya antigüedad desafía cualquier explicación razonable. Incluso aparecía oculto entre símbolos tan extraños que uno tenía la sensación de que se movían apenas apartaba la vista.


Sin embargo, no era su nombre lo que me perturbaba... era su función. Porque mientras Azathoth duerme en el centro del caos primordial y Yog-Sothoth existe simultáneamente en todos los tiempos y todos los lugares, Nyarlathotep parece ocupar un rol completamente diferente. Él se mueve, él actúa y él habla. Los textos coinciden en describirlo como el alma y la palabra de los Dioses Exteriores. El mensajero de entidades tan vastas que el cerebro humano apenas puede intuir su existencia sin resquebrajarse.


Pero en los últimos años llegué a una conclusión todavía más inquietante, creo que Nyarlathotep no es simplemente un emisario, creo que es el vínculo mismo. El nexo que conecta a los Dioses Exteriores con los Primigenios... una especie de sistema nervioso cósmico extendido a través de dimensiones imposibles.

Puede sonar disparatado. Créanme, durante mucho tiempo intenté convencerme de que lo era. Sin embargo, la evidencia acumulada en innumerables fuentes independientes resulta difícil de ignorar. Los Primigenios duermen... los Dioses Exteriores observan, pero alguien transmite los pensamientos entre ambos. Alguien lleva mensajes a través de distancias que ni siquiera la luz podría recorrer y ese alguien es Nyarlathotep.

Algunos manuscritos sugieren incluso que esta entidad sería la personificación de una forma de telepatía universal. Una conciencia capaz de enlazar dioses dormidos, horrores cósmicos, cultos secretos y mentes humanas dentro de una misma red invisible. Y de golpe muchas cosas empiezan a encajar... los sueños, las visiones, las revelaciones imposibles, las voces que ciertos individuos aseguran escuchar en medio de la noche.

Porque Nyarlathotep rara vez necesita manifestarse mediante la fuerza. No necesita destruir ciudades, no necesita desatar cataclismos, le alcanza con una idea... con una palabra.. con un susurro.

Las páginas más deterioradas del Liber Ivonis hablan de hombres que despertaron sabiendo cosas que jamás habían aprendido. Astrónomos capaces de describir estrellas invisibles. Poetas que escribían en idiomas desconocidos. Sacerdotes que abandonaban toda fe humana tras recibir una única revelación proveniente del vacío entre los mundos.


Todos ellos aseguraban haber comprendido una verdad superior.

Y todos terminaron locos.

Fue entonces cuando comprendí algo que todavía hoy me cuesta aceptar.

La humanidad teme a Cthulhu porque algún día podría despertar.

Teme a Yog-Sothoth porque guarda las llaves de todas las puertas.

Teme a Azathoth porque su despertar significaría el fin de toda realidad.

Pero Nyarlathotep es diferente.

Porque Nyarlathotep ya está entre nosotros.

Camina bajo mil rostros.

Habla con mil voces.

Se esconde detrás de ideas que creemos propias.


Y cada vez que una mente humana recibe un conocimiento que jamás debería haber conocido, cada vez que un culto obtiene una revelación procedente de la oscuridad exterior, quizás sea él quien está susurrando desde el otro lado. Después de tantos años de investigación llegué a una conclusión que, sinceramente, me habría gustado no descubrir. Nyarlathotep no es solamente un dios... es el puente... el conducto... el oscuro entramado que mantiene conectadas todas las monstruosidades del cosmos.

Y si los viejos manuscritos dicen la verdad, entonces cada pensamiento que circula por esa red invisible acerca un poco más el día en que las estrellas vuelvan a alinearse de la manera correcta... o incorrecta.


A esta altura ya no estoy seguro de cuál sería la diferencia. Porque algunas noches, cuando el viento golpea los vidrios de mi estudio y el silencio pesa demasiado, no puedo evitar preguntarme si estas conclusiones nacieron realmente de mis investigaciones... o si fueron sembradas en mi mente por la misma entidad que intentaba comprender.

Y esa duda, querido lector, es bastante más aterradora que cualquier respuesta.

 

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